minientrada ¿Parabenos sí o no?

Desde hace un par de años el uso de la palabra “parabenos” inunda nuestros televisores hablando de lo malo que es este componente que se encuentra entre nuestras cremas y que por ello ahora  las marcas nos ofrecen nuevas versiones “paraben free”.

Pero, ¿qué son realmente los parabenos? ¿tan malos son?…muchas preguntas había que resolver así que me puse a investigar en ello junto a dos compis de mi sector: Paola Grande y Andrea Chaves.

Tras varias semanas de entrevistas e investigación decidimos que lo que habíamos concluido debía ser leído por las consumidoras de cosmética así que lo publicamos en el blog en el que colabora Paola: Actualidad&Moda.

Dicho esto os dejo con el artículo en sí que espero que os resuelva muchas dudas sobre si debéis adquirir o tener preferencia por productos que sean paraben free o no.

La verdad sobre los parabenos

Conoce qué son y la nueva regulación que entra en vigor el 16 de abril


El uso de los parabenos, conservantes utilizados principalmente en cosmética, ha sido regulado desde 2005 por el Comité Científico de Seguridad de los Consumidores (CCSC), pero a partir del pasado 16 de abril de 2015 se ha estipulado que sólo pueden introducirse en el mercado de la UE aquellos productos que cumplan con la legislativa de mínimos impuesta por el Reglamento (UE) No 1004/2014 de la Comisión de 18 de septiembre de 2014.  Esta renovación está promovida por la decisión voluntaria del gobierno danés ante la prohibición de algunos parabenos en productos cosméticos destinados a menores de tres años, debido a una posible vulnerabilización de la actividad hormonal.

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Por estas razones, los parabenos han estado en el punto de mira de los consumidores, tanto españoles como internacionales. Estos conservantes, derivados del ácido p-hidroxibenzoico, son un grupo de productos químicos usados en cosmética, medicina y alimentación para “proteger al producto frente al crecimiento de microorganismos y gérmenes dañinos para la salud, garantizando la calidad y la protección de los consumidores” tal y como indica Jordi Fonollosa, responsable técnico de Skeyndor.

Con la nueva regulación, el uso de los conservantes conocidos como propil y butilparabeno no han de superar en un 0,4% su uso por separado y un 0,8% si son usados con otros ésteres o derivados orgánicos al 0,14% en ambos casos. Asimismo se prohíbe el uso de isopropil, isobutil, fenil, bencil y pentilparabeno para uso cosmético al no poderse evaluar el riesgo de estos compuestos.

Los parabenos se usan desde que, en 1924, el científico Sabalitschka descubriera su efecto antimicrobiano. Desde entonces, alrededor del 85% de los productos cosméticos contienen estos conservantes, ya que “hasta ahora no han demostrado una toxicidad importante que impida su uso”, así lo afirma Francisco Javier Bru Gorraiz, dermatólogo del Centro de Diagnóstico Médico Madrid Salud. “Protegen los productos que se puedan contaminar con bacterias, mohos y levaduras que, en abundancia, pueden dar lugar a olores desagradables, cambios en el color o problemas en la estabilidad del producto y evitan la creación de microorganismos patógenos que pueden producir infecciones oculares o candidiasis”, tal y como revela Mónica Cid, responsable de Salud del Departamento de Calidad de Eroski.

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Pros y contras de los parabenos

En lo referido a los aspectos positivos de estos conservantes, según David Montalvo Lobo, técnico de desarrollo y control de calidad en la farmaceútica Genfarma, los parabenos son “antimicrobianos y antifúngicos económicos y muy efectivos”, lo que viene a corroborar lo declarado por The Body Shop, desde donde explican que “se encuentran entre los conservantes más utilizados, ya que ofrecen un rendimiento positivo a bajos niveles de concentración”. Según apunta la marca, estos químicos no son perjudiciales para la salud, y aseguran que “además de poder crearse de manera artificial, están presentes de manera natural en las plantas y en los animales”.

Desde el punto de vista de la sanidad tampoco se estiman patologías directamente relacionadas con el uso de los parabenos, únicamente estos conservantes son anómalos para los alérgicos a dicho componente, en cuyos casos “producen reacciones alérgicas cutáneas, sobre todo eczema de contacto, cuyas manifestaciones consisten en lesiones cutáneas pruriginosas”, tal y como indica el dermatólogo Francisco Javier Bru. El especialista afirma que “se estima que el porcentaje de personas con alergia a parabenos es del 0,5 al 3% del total de la población”. Por otro lado, la Comisión Europea no aconseja el uso de productos con parabenos en niños con menos de seis meses de edad porque, al tener una piel tan sensible, estos conservantes pueden causar irritación en las zonas íntimas del bebé, al igual que ocurre con otros alérgenos.

Algunos experimentos científicos recogen que estos químicos tienen una débil acción que actúa en las hormonas en forma de xenoestrógenos (químicos hormonales activos), pero no se encuentran casos reales en humanos que indiquen que estos conservantes afecten significativamente de forma negativa a la actividad hormonal. Mª Carmen Martín Ridaura, médico endocrina del centro Madrid Salud, asegura no haber visto a lo largo de su experiencia profesional  “ningún caso de disrupción o alteración hormonal relacionado con el uso de cosméticos o, en concreto, de dichos conservantes”. La especialista confiesa también que no hay evidencias de que los productos con parabenos afecten al desarrollo normal del feto en mujeres embarazadas o alteraciones ováricas. Además, la Sociedad Americana de Cáncer (American Cancer Society) ha concluido que no existe ninguna evidencia científica que afirme que el uso de productos de higiene y belleza con parabenos sean un factor de riesgo en el desarrollo de tumores mamarios.

Puesto que “nadie ha demostrado que los parabenos sean malos para la salud” como declara el químico David Montalvo y corrobora la endocrina Mª Carmen, y al no haber constancia de sus efectos en la alteración hormonal en la base de datos biomédica PubMed, los parabenos siguen estando presentes en los cosméticos de forma legal.

Entonces, ¿a qué se debe su mala fama? Todo comenzó en 2004 tras “una publicación sin base científica en la que se alertaba de la posible relación entre el cáncer de mama y los parabenos”, confiesa el responsable técnico de Skeyndor. A partir de este suceso se llevaron a cabo diversos estudios sobre estos conservantes y de ninguno de ellos se obtuvieron resultados concluyentes. La falta de conclusiones ha generado un debate social promovido por correos electrónicos masivos y publicaciones diversas en internet que han despertado la preocupación de los consumidores ante sus efectos cancerígenos y estrogénicos en su uso continuado. Además, organizaciones como la OCU han desaconsejado, a través de sus informes, el uso de productos que contengan propyl o butylparaben, lo que condiciona a los consumidores al rechazo total de estos conservantes debido a su desconocimiento sobre el tema.

Posición de las marcas

Son muchas las empresas que han decidido sin embargo sacar a la venta gamas de productos denominados “sin parabenos”. En el caso concreto de The Body Shop, “los parabenos se están eliminando gradualmente en un proceso constante de renovación”, y la representante de Eroski afirma que “ están siendo sustituidos por conservantes con un perfil de seguridad superior”. José Luis García Berjano, maquillador oficial de Givenchy, también afirma que “desde hace dos años la marca Givenchy y el grupo al que pertenece (LVMH Iberia) están muy concienciados con este tema y han retirado los parabenos de sus productos, por lo que ahora mismo no hay ninguno que contenga este conservante en el mercado”. Sin embargo, a pesar de que el maquillador no ha notado efectos adversos de los parabenos en la piel de sus clientes, prefiere no utilizar productos que los contengan ante la controversia actual de sus síntomas patológicos.

Esta nueva estrategia comercial, centrada en posicionar productos de higiene y belleza “sin parabenos”,  permite aliviar el recelo de los consumidores. Así lo confirma Eroski, cuya representante explica que “existe una creciente preocupación en la población en general por el uso de los parabenos que se plasma en numerosas opiniones contrarias a su utilización en los foros, redes sociales y a través de cadenas de correos electrónicos”, por lo que las marcas deciden ofrecer gamas con y sin parabenos e incluso algunas son reticentes a hablar sobre su postura en cuanto a estos conservantes aludiendo a que es un tema muy comprometido, como es el caso de Dove y Sanex.

En los últimos años se ha asociado la palabra parabeno con una connotación negativa que hace que la predilección por productos libres de estos conservantes aumente. Además, la incertidumbre existente sobre este tema provoca que las opiniones negativas se externalicen rápidamente, influyendo así en la opinión de otros compradores y generando presión entre las marcas, las cuales crean nuevas líneas de productos en base a las convicciones de los usuarios. “Los parabenos han desaparecido prácticamente del panorama cosmético actual por voluntad del consumidor. Nuestros productos no son ninguna excepción y, desde 2010, no incluyen parabenos”, confirma el técnico de Skeyndor. Por otro lado, Eroski afirma también haber eliminado estos químicos “porque así lo han solicitado los consumidores”.

Si finalmente los parabenos dejan de formar parte de la mayoría de las composiciones químicas de los cosméticos hay que tener en cuenta que, después de todo, habría que sustituir estos conservantes por otros con el fin de mantener los productos protegidos por un largo período de tiempo, algo esencial para la salud de las personas. Si esta sustitución se llegara a producir, ¿se volvería a generar, entonces, controversia acerca de estos nuevos posibles químicos? ¿Serían de nuevo los consumidores los que determinen la efectividad de los nuevos conservantes?

Se debe, por tanto, ser cauto en relación al tema de los parabenos y no hacer juicios previos hasta esperar estudios concluyentes que determinen si en realidad estos conservantes son anómalos para la salud del que los utiliza, sin caer en el alarmismo.

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